lunes, 14 de enero de 2019

Multiplicar los paces y los peces ( Mc 6, 34 y ss)


No es lo mismo multiplicar los panes que compartir lo que se tiene con quien nada tiene, o con quien tiene manos que yo. Lo que hizo Jesús en esta ocasión, según nos cuenta Marcos, no fue simplemente hacer un milagro, para que de cinco panes, surgieran miles de peces. El Evangelio no es tan simplón, ni se reduce a narrar simplezas dificiles de aceptar.

Jesús no anda ahora multiplicando panes y peces para que se quiten el hambre y la escasez de tantas personas necesitadas, marginadas, excluídas. Pero entonces, ¿ que nos enseña este relato tantas veces leído, explicado y meditado?. Si por algo nos hemos de distinguir los cristianos es por lo mismo, que tanto impresionó a la iglesia primitiva:

  1. La cantidad de gente abandonada
  2. El sufrimiento de esas personas concretas
  3. Que es gente abandonada por sus pastores ( llámense obispos, curas, frailes, gobernantes "muy religiosos", empresarios de comunión diaria....)
  4. Que esto no se resuelve con "milagritos", sino con solidaridad, justicia social, derechos humanos para todos.
Y solidaridad no es simplemente caridad y beneficencia. La actualidad del compartir es, ante todo, la igualdad en derechos y dignidad. Este relato de Marcos, parece el anticipo evangélico de la Declaración Universal de los Derechos Universales. Declaración que tuvo su anticipo en la primera constitución de los Estados Unidos de América: que se planteó, en serio y a fondo, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en la Asamblea Francesa (1781-91) y quedó ratificada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos ( 10 diciembre 1948).

Los Cristianos viviremos la mulriplicación de los panes y peces si luchamos por la aplicación, al derecho de cada país, de este famoso documento histórico. En resumen, multiplica hoy panes y peces qien pone en práctica los Derechos Humanos ( versión laica del evangelio).

Cuendo Jesús mira ("vió una multitud"), ama ("se compadeció) y al amar, busca la manera de aliviar el sufrimiento de la gente, saciar el hambre de pan y de sentido de la vida. Pero no quiere hacerlo solo. Nosotros como los dicípulos, estamos prontos para despedir y mandar a hacer la compra. Jesús conjuga los verbos que crean vida: reunir y compartir. Cuando comparto un mendrugo de pan con quien no lo tiene, entonces hay para los dos, para todos, y aún sobra para segir ayudando a los que necesitan más que pan: justicia, esperanza,dignidad....

Y es que bien repartido, lo poco llega para muchos. Y los que menos tienen, suelen ser los más dadivosos, y no solo porque dan, sino porque se dan...

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